Es así como inicia una historia realmente romántica, que esperamos les guste: El príncipe Pedro que era el heredero y sucesor de su padre, el rey Alfonso IV, estaba casado con Constanza, un día llego a Coimbra Inés de Castro una hidalga gallega de linaje, Inés era prima de Constanza y fue a Coimbra a formar parte del séquito de su prima.
Pedro se enamoró nada mas ver a Inés, pero antiguamente los padres eran los que casaban a sus hijos por interés y no por amor, pero de repente pasó algo inesperado, la Princesa Constanza murió en el parto de su cuarto hijo.
Pedro e Inés dieron rienda suelta a su amor en el jardín de los amantes, este jardín hoy en día es el jardín del Hotel Quintana das Lágrimas, sin duda el mas lujoso de toda la ciudad, pasar una noche allí es sólo para grandes bolsillos.
En el jardín se encuentra la fuente de los amores, lugar donde la pasión entre Inés y Pedro se desató, esa fuente aun tiene agua y recorre un riachuelo que está lleno de piedras de color rojo, el príncipe enviaba mensajes de amor a Inés en barquitas pequeñas a través del pequeño riachuelo que llegaba hasta el monasterio de Santa Clara, donde vivía Inés.
En este riachuelo, no sólo llevaba las palabras de amor, si no también la sangre de la tragedia ya que Inés fue asesinada en la Fuente de las Lágrimas por emisarios enviados por el propio Rey Alfonso IV. El Rey ordenó este asesinato por que se vio presionado por sus consejeros, le comentaban que los hijos de la joven gallega podían ser legítimos herederos y hacer sombra a los hijos huérfanos de su prima Constanza.
Las piedras de ese riachuelo son rojas como les habíamos comentado y los portugueses comentan que es la sangre de Inés pidiendo justicia.
Ante esto, el príncipe quedó desolado y se sintió impotente por que no pudo hacer nada ya que su padre era quien tenía el poder, pero fue paciente y esperó a que su padre muriera para vengar a su amada, capturó a dos de los asesinos ya que el tercero huyó, los condenó a muerte y les mandó arrancar el corazón aun estando vivos los dos.
Después de asesinarlos nombró reina a la difunta Inés, dijo que se había casado hacía años en secreto con ella, pero a lo largo de los años se descubrió que no era cierto, lo hizo como homenaje a su amada Inés, ordenó que desenterrarán el cadáver y que se vistiera su esqueleto con ropa y joyas típicas de una reina, antes de enterrarla Pedro obligó a todos los nobles a besar los huesos de la mano de Inés como señal de respeto.
Pedro, años antes de morir mandó construir dos tumbas, que a día de hoy se pueden ver en el monasterio de Alcobaça, él quería reposar cuando le llegara su hora, junto a su amada Inés, ambos tenían que ser colocados pies contra pies para que, el día del juicio, cuando ambos despertaran, lo primero que viese cada uno de ellos, es su mirada y el cuerpo de uno frente al otro.
La leyenda cuenta que cuando la niebla del río Mondego flota entre los árboles de la Quinta, los espíritus de Inés y Pedro pasean juntos por los jardines sin que nadie los vea.
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